Los títeres son y han sido desde la antigüedad, un recurso atractivo y sencillo para contar una historia. Los títeres permiten a su manipulador simular que no es él quien emite los juicios de valor, las sentencias, acusaciones, burlas, …, no, “son otros”.

Los investigadores piensan que la palabra títere tiene su origen en la palabra griega titupe, que significa mono pequeño, ya que los muñecos se movían como monitos. Aunque en un principio eran utilizados con un sentido sacro, especialmente en Egipto y Grecia, en Roma experimentan una transformación drástica. Los títeres pasan a manos del pueblo, que los esgrime como arma. El oficio de titiritero no estaba muy bien visto, de hecho estaba considerado un oficio subversivo y de protesta que en numerosas ocasiones conllevaba la persecución e incluso el destierro. Tanto fue así, que pocos ciudadanos se atrevían a violar la prohibición de ejercer este oficio, destinado a extranjeros y esclavos.

La variedad de títeres fue, como en la actualidad bastante variada, podían ser de madera o de barro cocido y podían estar articulados o no. El ambiente bullicioso de las calles, donde se hacían las representaciones, obligó a desarrollar un estilo fresco y breve para facilitar la atención del público. Esto permitió, así mismo, utilizar a los titiriteros como arma ideológica muy útil para la romanización.

Los titiriteros eran gente de mente ágil y rápida que llevaban las noticias del Estado al pueblo, los que difundían las intrigas y se reían de la tragedia (paratragedia).

Nunca hay que perder la sonrisa y el sentido de la autocríticas, pues éstas son nuestras armas para enfrentarnos a las dificultades del día a día.

Imagen: Títeres de la Compañía Genovesa Narratives Teatrals www.genovesa.org