No siempre se pueden dar buenas noticias y esta es una de esas veces. Las intensas lluvias que han

asolado la Península se han cobrado diversas víctimas, entre ellas, y que nadie nos mal interprete, 30 metros de las murallas medievales de Zaragoza. Evidentemente un bien material nunca es comparable a uno personal, pero el mantenimiento de nuestro patrimonio es esencial para su conservación. Algunas estructuras sufren cambios radicales a lo largo de su historia y eso puede causar su desaparición. Además hay que tener presente que un hecho como el desplome de 30 metros de muralla podría haber causado la pérdida de vidas humanas y por tanto un factor más a tener en cuenta a la hora de proteger y conservar nuestra historia.

Según informa la web Aragondigital.es, después de la inspección de la zona, se comenzó a retirar, clasificar y guardar los ladrillos que formaban parte de la muralla. Ahora todo queda en manos de la  Comisión Provincial de Patrimonio decidir qué proceso es el más adecuado para contener el desplome de este lienzo murario, así como su adecuada restauración.