Las Musas son diosas alegóricas pertenecientes a la familia de las ninfas de las aguas, cuya función era proteger e inspirar las artes, ciencias y letras.

Para celebrar el día de las Musas, en el Templo Romano de Córdoba llevamos a cabo un taller centrado en las nueve musas, que los asistentes pudieron pintar y conocer.

La palabra griega mousa significa literalmente ‘canción’ o ‘poema’.

En época arcaica el saber y los conocimientos se transmitían oralmente, por lo que para facilitar su aprendizaje y su permanencia en la memoria, se usaba la rima y el ritmo.

Los discursos en verso eran llamados mousike “arte de las musas”, y de ahí deriva la palabra música.

La palabra deriva  de la raíz indoeuropea *men-, que también dio origen, en griego a Mnemósine (Memoria), en latín Minerva, y en castellano a mente y museo.

Homero menciona unas veces a una Musa (singular) y otras a unas Musas (plural), pero sólo una vez dice que eran nueve, sin mencionar sus nombres. Sería Hesíodo es el primero que nos dio los nombres de las nueve (Calíope, Clío, Erato, Euterpe, Melpomene, Polimnia, Talía, Terpsícore y Urania).

Según los cantos homéricos, las musas vivían en el Olimpo, cantando y bailando con alegría en comidas y fiestas. Así, el primer canto que se les atribuye es la victoria de los dioses olímpicos sobre los Titanes y el establecimiento de un nuevo orden cósmico.

Se las relaciona con Apolo, por ser éste el dios de la música. De hecho, Apolo recibe el apelativo de musageta cuando dirige el coro de las nueves jóvenes. Así mismo, de su relación con este dios profético, las musas también son consideradas inspiradoras e incluso podían instruir en el arte de la profecía.

Se decía que acompañaban a los reyes, otorgándoles las palabras necesarias para gobernar, la virtud de la justicia y la clemencia, e inspirándoles sabiduría.

La tradición más común dice que vivían en el Monte Helicón y junto a ellas vivía Pegaso, quien de una coz hizo brotar una fuente que sirvió de inspiración a los dioses. Por esto era cuidado por las Musas, especialmente en invierno, cuando no tenía hierba para pastar.

Pero al igual que otros muchos dioses, las Musas podían ser vengativas y nunca dejaban sin castigo un desafío hacia su arte.

Las Pierides, las nueve hijas del rey de Macedonia, estaban convencidas de 11693814_850985001655512_897761588400584743_nser las mejores cantoras y que nadie podía igualarlas en su arte, así que marcharon hasta el monte Helicón y desafiaron a las Musas.

Las jueces serían las ninfas de El Parnaso. Tras cantar las desafiantes la Gigantomaquia, Calíope cantó un himno sobre el poder y magnanimidad de los dioses.

Las ninfas aclamaron a las musas como vencedoras indiscutibles del duelo y las Pierides llenas de indignación intentaron agredirlas. Esto motivó el enfurecimiento de las Musas quienes convirtieron a las atrevidas muchachas en urracas y les privaron de su mayor vanidad, su canto, otorgándole un graznido chicón y poco armonioso.

En otra ocasión, fueron las Musas las jueces de otra contienda musical, la acaecida entre el pastor Marsias y el dios Apolo, proclamando como vencedor al dios.